El mindfulness y los beneficios de la atención plena

Remontando sus orígenes al 2.500 a.C., el mindfulness consiste en un proceso psicológico que, mediante la meditación y el autoconocimiento, pone orden y paz a nuestras vidas. Un camino a recorrer en nuestras mentes para reconciliarnos con la existencia, explotar la mina de nuestras virtudes e incardinarnos en el presente con plena atención.

El resorte que equilibra nuestra paz

Además de todo cuanto ha sido abono de la incertidumbre que ha alimentado el último año enmarcado en la pandemia, la salud mental ha sido uno de los grandes temas que se han puesto en entredicho en la era de la Covid-19. Quizás a causa del frenesí del mismo día a día, y la autoexigencia que nos inducimos para afrontarlo, esta extraña pausa vírica ha servido para exponer la necesidad de cuidar de nuestras mentes y emociones. Básicamente, aquello que verdaderamente nos moldean como seres humanos y sintientes y no como autómatas, peones de un mecanismo perpetuamente hambriento y que jamás se detiene.

Es por dicho motivo que, aunque ya de tiempo atrás, es de vital importancia concienciar sobre actividades como el mindfulness, o atención plena. Un proceso psicológico que trata de escudriñar en nuestro interior para ubicarnos en el presente y, identificados los lastres y las virtudes, nuestra intimidad y nuestro contexto en el mundo, reforzar y ampliar nuestro bienestar mental, corporal y emocional. A efectos prácticos, una suerte de equilibrio que nos permita incardinarnos con facilidad en el día a día sin pasar por perjudicar o comprometer nuestras necesidades vitales. O, en otras palabras, un camino hacia la paz interior que todos merecemos, además, podemos alcanzar.

Orígenes: de la mente de un budista a la de un biólogo molecular

Entendiendo la práctica del mindfulness como una meditación, un cacheo de nuestro interior con apaciguamiento y paz a través de la contemplación, su origen se basa en las enseñanzas del budismo, cuya sabiduría se respalda sobre sus más de 2.500 años de antigüedad. De hecho, el término mindfulness, que literalmente podría traducirse como “plenitud de la mente”, proviene realmente del vocablo pali sati, que engloba la mencionada atención plena en sus múltiples significados. Por tanto, un estado mental de reflexión mesurada que trabaja en la paz a través del autoconocimiento que el Imperio Británico, en el siglo XIX, decidió exportar a Occidente.

A lo largo de muchos estudios y divulgaciones sobre la meditación budista, que arropó la inspiración de escritores como Herman Hesse y músicos como los Beatles, el biólogo molecular Jon Kabat-Zinn ideó a finales de los ‘70 el que podría considerarse primer programa de mindfulness como tal. Kabat-Zinn, practicante ya de yoga y meditación Zen, consiguió probar los beneficios de la espiritualidad, universalizada y exenta de cultura y religión, en un programa de ocho semanas de trabajo mente-cuerpo para aliviar el estrés. Un método que bautizó como Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena dando lugar a todo ya un estilo de vida en nuestro tiempo.

Entonces, ¿en qué consiste exactamente?

En palabras del mismo Kabat-Zinn, y a pesar de cuantas definiciones puedan presentar todos los puntos de vista que lo han experimentado, el “mindfulness es la conciencia que surge de prestar atención, de forma deliberada, en el momento presente y sin juzgar”. Es decir, un proceso mediante el que no existen juicios mentales, ni tan siquiera nuestros propios juegos y ecosistemas psicológicos, con la finalidad de extrapolarse de uno mismo para analizar con perspectiva nuestros frentes y posibilidades. Dentro de dicha disgregación de la mente y el cuerpo, o de la mente y el contexto, dando la razón al método de Kabat-Zinn, separando inputs tensores o estresantes.

Constantemente, recibimos información de todo tipo, tanto des del exterior como de nuestro interior, que no nos permite focalizar bien nuestros objetivos vitales. Como consecuencia, nos quedamos en una profunda fase de estancamiento que, viciada de una inutilidad autoinfligida, no nos deja alcanzar la realización personal. De este modo, el mindfulness aparece como una práctica meditativa contra el miedo, el estrés y los excedentes que no hacen más que perjudicar nuestra estabilidad mental. Al fin y al cabo, el mindfulness nos hace dueños de nosotros mismos, conscientes de nuestro lugar en el mundo y nuestra forma de encajar en él o de, simplemente, aceptarlo.

Blindaje y frentes de combate del mindfulness

Si se practica con regularidad, incluido en nuestra rutina, el mindfulness puede aportar grandes beneficios en nuestra vida que, consecuentemente, incrementarán nuestro bienestar a lo largo del tiempo. Además de su capacidad de reducir la ansiedad y el estrés a causa de su mejora de la calibración emocional, este proceso psicológico resulta muy beneficioso, especialmente por su trabajo en la concentración, para mejorar la memoria. Ligado a dicha capacidad de atención necesaria en su práctica, la rutina del mindfulness también permite reducir la vacilante rumiación, a menudo detonante de la falta de tranquilidad y enfoque, gracias a su reorganización emocional.

En relación a su vínculo emocional, por lo tanto, el mindfulness también resulta de gran utilidad para paliar las sobrerreacciones emocionales, dado que contribuye a poder entender su raíz y reconciliarla. Asimismo, diluyendo la intolerancia al dolor, cuya sensación va de la mano con nuestra percepción de las situaciones y motivo por el que se considera de vital importancia para con la salud mental frente a enfermedades y depresiones. En conjunto, con capacidad para mejorar la calidad del sueño, dado que nuestro apaciguamiento interior evita frustraciones que, a menudo, arrastramos a la cama.

En resumen, el mindfulness, cuyos demás detalles pueden consultarse y ampliarse en portales como mindful.org, no es en sí misma una actividad de meditación como a la que nos malacostumbran los clichés sobre el budismo. Sino que consiste en una ruta hacia el autodescubrimiento y la reconciliación con uno mismo. Ruta que, por su naturaleza, nos sitúa en un lugar precioso en nuestro mundo, que es nuestra propia vida, y nos instruye en aceptar la existencia y explotar lo mejor de ella: nosotros y los nuestros.