El consumo de alimentos ultraprocesados está relacionado con diferencias en el metabolismo de los niños desde edades muy tempranas. Una investigación española, cuyos resultados se han difundido en octubre de 2026, ha identificado 19 sustancias en la sangre asociadas a estos productos en menores de entre tres y seis años.
El estudio, liderado por la Universitat Rovira i Virgili, analizó los hábitos alimentarios y las muestras sanguíneas de 1.148 niños españoles. Sus resultados aportan nuevas pistas sobre la relación entre la alimentación infantil y determinados indicadores de salud cardiovascular.
Contenidos
Detectan dos perfiles metabólicos diferentes
Los investigadores identificaron 19 metabolitos, moléculas que participan en procesos como la obtención de energía y la transformación de nutrientes.
Estas sustancias se agruparon en dos perfiles:
- Metabolismo de las grasas: asociado con mayores niveles de triglicéridos, insulina y glucosa en ayunas, además de niveles más bajos de colesterol HDL.
- Metabolismo de los aminoácidos: relacionado con menores niveles de grasa corporal, triglicéridos y resistencia a la insulina.
La combinación de ambos perfiles mejoró un 9,2 % la capacidad del modelo para identificar a los niños con indicadores cardiovasculares menos favorables.
Este resultado no significa que los menores estudiados padezcan enfermedades cardíacas, sino que presentan determinadas características metabólicas que merecen seguimiento.
Qué significa el descubrimiento para la alimentación infantil
Los alimentos ultraprocesados incluyen numerosos productos industriales, como determinados bollos envasados, aperitivos, refrescos y comidas preparadas.
Muchos contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, sal o grasas poco saludables, aunque su composición nutricional varía considerablemente.
La investigación es observacional y no demuestra que estos alimentos causen directamente los cambios detectados. Para aclarar esa relación será necesario seguir estudiando a los menores durante su crecimiento.
Los resultados refuerzan la conveniencia de priorizar frutas, verduras, legumbres y otros alimentos frescos o mínimamente procesados en la dieta infantil.
La principal aportación del estudio es que determinadas diferencias metabólicas relacionadas con la alimentación pueden identificarse incluso antes de comenzar la educación primaria. Conocerlas podría ayudar a desarrollar estrategias de prevención desde los primeros años de vida.
