¿Cómo calcular el presupuesto de una reforma? ¿Qué factores hay que considerar?

La crisis económica que se desató en España a partir de 2008, con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, tuvo como resultado un ascenso muy elevado en las cifras de desempleo y la caída de un sector, el de la construcción y el inmobiliario, que suponía una parte importante del PIB español, si sumamos a los empleos directos otras disciplinas auxiliares.

En muchos casos, ante la falta de actividad para crear obra de nueva construcción, las empresas del sector se reciclaron hacia el mundo de las reformas, lo que les permitió continuar con su actividad. Esta traslación de la obra nueva, que ahora ya parece estar recuperándose, a las reformas, juega un papel clave en el gasto energético y la sostenibilidad, pues el consumo de nuevos materiales se reduce de manera importante.

Las reformas siempre han sido necesarias en las viviendas, porque con ellas se consigue darle un nuevo aire a las edificaciones, modernizarlas y actuar frente a problemas estructurales o los propios del degaste y el paso del tiempo. La pregunta que nos hacemos es, ¿sabes cómo calcular o a qué atender en el caso de un presupuesto reforma?

¿Qué tipo de reforma se va a ejecutar?

En el presupuesto de reforma ha de tenerse en cuenta la magnitud de la operación: si es parcial o integral, qué estancias va a cubrir, si incluye cambios en el sistema de calefacción y electricidad, si está pensada únicamente por motivos estéticos o bien por cuestiones estructurales.

Todo esto es clave para contemplar los metros cuadrados de pintura, los azulejos, la tarima, los fasos techos y otros muchos indicadores que van sumando al precio total. Además, es aconsejable incluir partidas de gasto añadido para cubrir retrasos en las obras, imposibilidad de contar con los materiales pensados en el inicio y posibles defectos estructurales de las vivienda que hay que solventar.

¿Cómo va a quedar la vivienda?

Un segundo punto importante es tener una idea inicial de cómo va a quedar la vivienda tras la reforma. Las empresas, al menos las que ofrecer servicios de calidad y con mucha garantía, facilitan los planos que ilustran cómo quedará la vivienda y los incluye dentro del presupuesto reforma.

Estos planos son el resultado de haber estudiado previamente la disposición de estancias en la vivienda y las necesidades de los clientes. Al final, las empresas de reformas basan su trabajo en su conocimiento y experiencia, pero siempre para satisfacer los gustos de sus clientes.

Los profesionales son los que prestan servicio de asesoramiento, y posteriormente el trabajo propiamente dicho, pero teniendo en cuenta lo que desean los clientes y traduciendo estos requerimientos a un trabajo funcional y práctico.

Conocer los precios por unidad

Los planos nos dan una idea de cómo va a quedar la obra una vez finalizada, pero para que esta percepción sea completa es aconsejable disponer de los precios por unidad, es decir, que en el presupuesto reforma se detalle al máximo cuánto cuesta instalar cada toma de luz, el metro cuadrado de pavimento o la elección de grifería.

Así se puede tener una visión más concreta de cómo se reparte el gasto y en qué punto es posible recortar o bien ampliar la reforma en algún aspecto. De lo contrario, se genera esa sensación de que el dinero invertido no está siendo bien ejecutado. A su vez, cuando se conoce el precio por unidad, se sabrá en todo momento a cuánto asciende una posible ampliación de la obra para incluir nuevas funcionalidades.

Los acabados, un coste añadido en el presupuesto reforma

El tercer fenómeno a tener en cuenta en los presupuestos de reformas, ya sean estas parciales o integrales, es la calidad de los acabados. A menudo la inversión se puede disparar por no haber incluido de antemano qué acabados va a llevar la obra.

Por tanto, es importante elegir los materiales ya durante la fase inicial del proceso, antes de comenzar con la reforma, e incluirlos en la partida presupuestaria anotando los metros cuadrados. Incluso se puede ir más allá y especificar qué marca o modelo se desea para controlar mejor el gasto.

De este modo se evitan sorpresas posteriores como un encarecimiento en la inversión. En la mayoría de ocasiones que sucede esto, no es achacable ninguna culpabilidad, sino que es una consecuencia lógica de no haber hecho los deberes a tiempo.